Pecaminosamente adicta
La pasión revuelve mis sentidos... Desde el primer beso mi mundo se vuelvo loco, mis manos cobran vida propia, y mis ganas aumentan por momentos.
Te deseo como una gata salvaje en celo, no puedo, ¡no quiero! evitarlo. Me vuelves completamente loca por el simple hecho de sentirte cerca... Y me encanta esa sensación. Sentir como el calor recorre mi cuerpo sin necesidad de tocarte, sentir como las llamas abrasan mis labios sin necesidad de besarte, tan sólo pensando lo que sucede cuando estás entre mis piernas. Me excito con rozarte fugazmente (con o sin disunulo)... Eres mi perdición, mi pecado preferido.
Tu piel llama, con silenciosos gritos, a mis manos, para que se acerquen y se deleiten en ti. Veo como tus labios mandan mensajes subliminales para que mi boca los saboree sin medida. Me pierdo en tus placeres sin intenciones de encontrar el camino de vuelta a la cordura... Descendiendo mi lengua por tu cuerpo soy consciente de que no existe más cielo que el sentir tu cuerpo adherido al mío, entregados sin remedio al placer, con la lujuria de los más bajos instintos dominando cada movimiento, cada espasmo, cada orgasmo... Y quiero más, y quieres más. Somos víctimas de la pasión; arrastrados sin remedio a la entrega de la carne húmeda, al delirio del no poder parar, a los sudores frenéticos que resvalan, incluso, por las paredes que encierran levemente nuestros gemidos.
Lo he dicho... lo repito: Soy una gata salvaje en celo. Ansiosa de retorcer mi cuerpo, entre alaridos de placer, contigo como único causante de clamores. Soy adicta a tu piel, a tu carne, a todos y cada uno de los rincones de tu cuerpo. Su adicta a tus placeres, a lo que te doy, a lo que me das. Soy adicta a ti y no quiero encontrar ni remedio ni salvación.









el-hombre-del-tibet dijo
Ojala todas las drogas fuesen igual
Sigue siendo adicta
Y si has de morir ¡muere!
Pero que sea de amor
Y en el campo de batalla.
Besos mi guerrera
17 Diciembre 2007 | 08:19 PM